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LOS NIÑOS

Los niños Stevens son muy callados. Siempre juntos los tres. Los maestros han intentado llegar a conocerlos. Pero ellos no hablan con nadie ni con sus compañeros.
Las horas de clases se mantienen atentos pero no participativos. Sus pequeñas caras muestran ojeras demasiado notorias para su edad. Tres hermanos, una mujer y dos varones todos de la misma edad. Trillizos idénticos.
Delgados y pálidos. Niños normales hasta que se los tiene enfrente, entonces hay cierta incomodidad. Algo en ellos es totalmente diferente. Algo aleja sin explicación.

Su maestra de biología, no se conforma con enseñarles. Piensa que esos niños están sufriendo y que no pueden decirlo. Entonces cita a sus padres. Necesita saber en qué contexto de familia crecen esos niños.
La pareja que asiste a la reunión es extraña. Mucho más que sus hijos. El padre parece ser carpintero, tiene las manos grandes y curtidas.
La madre es suave en sus modos, no alza la voz, parece asustada.
La maestra advierte la tensión en el aire. Aquí sucede algo. Y revive su propia infancia con un padre golpeador y una madre depresiva.
Entonces se da cuenta de lo que pueden provocar sus palabras puertas adentro.
Y no dice nada fuera de lo común. Los niños son inteligentes. Cumplen con sus tareas.

Los padres se van agradecidos. Y entonces la mujer vuelve, olvidó su cartera. Mira a la maestra y le dice.
_ Evite todo contacto con mis hijos. No haga más que su trabajo.
La maestra queda muda y no responde.
Sus dudas ya no existen, en esa casa los niños no están seguros. No lo piensa y solicita apoyo a asistencia al menor, y coordinan medidas urgentes.
Cuando la asistente social llega a la casa en las afueras de la ciudad lo primero que nota en la soledad de ese lugar.
La casa está descuidada y los pastos largos.
Deja su auto en en el camino de acceso y sigue a pie, hasta la entrada. Golpea y escucha. Un niño llora. Vuelve a golpear y entonces se oyen pasos apresurados.
Nadie abre la puerta. La asistente mira por una de las ventanas. Hay una niña atada a una silla. Su cara está parcialmente oculta.
Alguien le habla suavemente. Pero la niña no quiere oír e intenta soltar sus ataduras.
La asistente está por golpear el cristal para ayudar a la pobre niña cuando detrás de ella un pequeño niño rubio la observa fríamente.
Ella lo saluda, él no responde. Los ojos del niño toman un tinte rojizo y una sonrisa cruel le curva los labios.
Los gritos de la asistente alertaron a los padres que salieron de la casa rápidamente.


Llegaron tarde. Le faltaban los ojos y su pequeño hijo bañado en sangre los miraba sonriente.
_ ¡No hijo no por favor!.-
_ No intentes evitar que seamos lo que somos madre.- Responde el niño clavando los colmillos en la carne de la asistente.
_Se los advertí. Nunca me oyen. Tendremos que irnos otra vez.-
Mientras ven a su hijo despedazar a la incauta visita la niña que mantenían atada aparece a reclamar su parte del festin.
Los pares se miran horrorizados. El tercero llega también dando saltos y entre los tres acaban con ella.
_ Ya nada puede hacerse.. déjalos comer. Nos iremos en la mañana.
_ Éramos una hermosa familia, verdad.-
_ Lo fuimos.
Los padres van por el auto y se deshacen de él.
Limpian la escena sangrienta mientras sus hijos miran tv. La madre llora al enterrar los huesos limpios de una mujer inocente.
El padre ruega mantenerse fuerte. Llegará el día en que no pueda controlarlos y su hambre devoradora los elimine a ambos.
_ Buscaremos el lugar más apartado en el mapa, y allí iremos. No volverán a la escuela.-
La mujer no responde mientras mira sus hijos sentados en el sillón a través de la ventana.
_ Nos dijo que serían niños perfectos.-
_ No existe nada perfecto.-
_¿ Cómo los protegeremos?.-
_ No creo que protegerlos sea necesario. Debemos proteger al resto de ellos.-
Se miraron sabiendo que esa era la verdad.
Los niños ríen mirando las caricaturas.
El almuerzo fué excelente. Llevaban meses sin comer.
Los tres ríen. Siempre tienen a mamá y papá.

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