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EL SEPULCRO VACÍO

Amalia era una niña de 11 años que había nacido con una terrible malformación, tenía el cuerpo encorvado, los brazos pequeños y piernas escogidas que no le permitían moverse, tenía la piel pálida casi verdosa, tenía cabello largo y enmarañado.
su único medio para transportarse era una vieja silla de ruedas; de su padre no se sabía nada y su madre había muerto de una penosa enfermedad cuando era muy pequeña.


Su único pariente era su amargada tía Gertrudis que se había hecho cargo de ella pero no la quería debido a su enfermedad, para ella era una pesada carga, su único para cuidarla era que la madre de Amalia le había dejado una considerable suma de dinero al morir.
Amalia vivía en una hermosa casa en la ciudad de México, sin embargo no podía salir por su frágil salud, no asistía a la escuela, no tenía con quien platicar, su vida era triste y solitaria.
Su cuarto quedaba cerca de la calle donde podía observar a la gente pasar, lo que más anhelaba era salir de su casa y conversar con alguien, se sentía tan sola, de su tía Gertrudis solo recibía despreció y maltrato. Esta malvada mujer suponía que Amalia tenía un salud muy delicada y pronto moriría dejándola a ella como única beneficiaria de los bienes. Comenzó a alejarla de aquella ventana para que no recibiera la luz del sol, a no darle de comer ni beber, solo deseaba su muerte porque Amalia era una pesada carga para ella y no quería cuidarla más


Un día el perverso deseo de Gertrudis se cumplió, Amalia murió desnutrida.
A su velorio y posterior entierro no asistió nadie salvó la tía y un sacerdote que se apresuró a decir unas cuantas plegarias. Sin embargo Gertrudis no pudo disfrutar de la herencia de la pobre Amalia pues ella también murió al poco tiempo, la autopsia reveló que había muerto de un infarto fulminante. Pero quienes descubrieron el cuerpo aseguraron que lo encontraron tirado en el suelo y con una horrible mueca de horror en el rostro, también unas huellas de llantas alrededor del cadáver.


Tiempo después la gente comenzó a murmurar que en aquella casa de la ventana del cuarto de Amalia alguien los observaba, pronto se esparcieron los rumores y decían haber visto en la calle una silla que se movía sin ser jalada por nadie, en ella se podía ver un pequeño ser encogido. Era Amalia quien ahora podía moverse por el mundo de los vivos a su antojo, se le acercaba cada vez más a la gente principalmente a los niños a quien observaba jugar pero no quería asustarlos y desaparecía entre la niebla. No quiere hacerle daño a nadie solo quiere tener amigos, los que en vida nunca tuvo.

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