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El fantasma de la plaza principal

Media noche en la plaza principal. Los pájaros duermen en las tupidas ramas de los árboles, los bancos están vacíos y el viento mueve apenas los rosales que la adornan. Rumbo al poniente, las nubes se amontonan y la catedral vigila soñolienta sus dominios.


Las campanas están desde luego, enmudecidas. De vez en cuando un desaprensivo noctambulo cruza el cuadrilátero en diagonal y rodea el quiosco… Es entonces cuando tal vez se comienze a oír el llanto.
Me platican que es un llanto que llega al corazón… Lastimero y contenido, aunque bajo en volumen, como si quien lo lanza a la noche se apretara fuertemente la boca para no dejar escapar el sonido. Sin embargo, los sollozos son claros, intermitentes.
Entonces el paseante nocturno huye despavorido por alguna de las avenidas de la plaza y quizá pare su carrera hasta el pórtico de la catedral, donde rezara apresuradamente una oración por el anima en pena, antes de reintegrarse a su domicilio.


Se trata del fantasma de un niñito perdido o abandonado durante las fiestas del 16 de septiembre (el año nadie lo conoce con certeza) que murió de terror al verse solo… Escondido tras el quiosco.
El espíritu de ese niño, me lo han dicho no puede abandonar el sitio porque indudablemente espera algo. Llora y gimotea sobre todo durante las noches muy lluviosas, tremendamente frías o sin luna, implorando a los paseantes que se detengan, que lo atiendan, tal vez que le den un hogar.
Claramente, no lo ha visto nunca nadie; algunos eso si han atisbado una pequeña sombra agazapada junto a la cantera… Varios afirman haberlo visto desprenderse de la pared del quiosco y aventurarse por la avenida principal unos pasos.
Dicen que parece una sabanita que flotara.
Gente compasiva (o imaginativa) le han llevado de día por supuesto, cuando no se ve, juguetes que dejan en cierto rinconcito. Por la noche, se afirma, se miran los juguetes moverse solos entre los rosales y se escucha una risilla infantil que dura pocos momentos. Luego, vuelve el llanto.
Es un secreto a voces que algunas madres que han perdido a sus hijos lo buscan con la esperanza de identificarlo como el suyo, pero ninguna ha sido recompensada con poder mirarle la carita… Simplemente, la sombra de aleja de ellas sollozando.


Me contó una persona, muy entendida en estos temas sobrenaturales que quizá el pequeño espera que su verdadera madre le busque, si, pero cuando muera, para así poder mirarse los rostros dentro del más allá y ser desde entonces dos sombras que transiten por la plaza principal, a media noche tomados de la mano.
Tal vez, algún día alguien llegue a verlos, y eso indicara que el niñito por fin es feliz.

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